A sus 102 años, el profesor e investigador continúa siendo una figura fundamental para comprender la historia de las ciencias del mar en Chile. La Sociedad Chilena de Ciencias del Mar rinde homenaje a Don Jorge Nibaldo Bahamonde Navarro, uno de sus socios fundadores y maestro de generaciones.
Hay vidas que pueden contarse por los hitos en el tiempo, los cargos asumidos y los reconocimientos en vida. La de Nibaldo Bahamonde Navarro difícilmente se puede resumir de forma cronológica. Está el científico, Premio Nacional de Ciencias Naturales en 1996, especialista en hidrobiología y crustáceos, profesor de la Universidad de Chile, investigador del Museo Nacional de Historia Natural y protagonista de algunas de las primeras etapas de la investigación científica marina en Chile. Pero mientras era todo eso, está también la historia de un “hombre de ciencia” que dedicó buena parte de su vida a abrir caminos.
Nacido en Ancud, Chiloé, el 20 de abril de 1924, su vínculo con el mar fue inherente y desde la infancia comenzó a cuestionarlo todo y no conformarse con la primera respuesta. Por eso, al igual que sus padres profesores, la vocación para educar también lo fue. Su llegada a Santiago significó un primer gran traslado. En 1940 ingresó al Instituto Superior de Humanidades de la Universidad de Chile y posteriormente al Instituto Pedagógico, donde se tituló como Profesor de Estado en Ciencias Biológicas y Químicas en 1946. Desde entonces, su vida se desarrollaría día a día entre laboratorios, museos, universidades, costas, embarcaciones y viajes científicos.
Hoy resulta difícil imaginar una investigación científica sin bases de datos digitales, comunicación instantánea, bibliotecas electrónicas o sistemas de navegación disponibles en un teléfono. La generación de Nibaldo Bahamonde trabajó en un escenario completamente distinto donde no habían archivos disponibles de la forma en que se conocen hoy y los científicos dependían de publicaciones, cartas, conversaciones y de las redes personales que conseguían construir. Ese contexto ayuda a dimensionar el esfuerzo detrás de sus primeros trabajos.
En 1948 participó en la expedición de la Universidad de Lund a los fiordos y canales australes de Chile. Años después recordaría con humor otro viaje realizado a bordo de una pequeña goleta rumbo a Juan Fernández, donde navegaron durante casi dos semanas y finalmente no encontraron la isla. Incluso cuando el objetivo de una expedición no se cumplía como estaba previsto, quedaba la experiencia y el aprendizaje.
Su trayectoria también lo llevó fuera de Chile y gracias a una beca de Naciones Unidas realizó estudios en Dinamarca, Suecia y Noruega, especializándose en la biología de especies de importancia económica y en dinámica de poblaciones, donde luego participó en investigaciones a bordo de distintos barcos oceanográficos.
Fueron viajes científicos que implicabaron entonces largos trayectos, adaptación a otros países y formas de investigación, pero con la necesidad de construir una carrera científica en un país donde las ciencias del mar todavía estaban buscando su lugar institucional.
El registro histórico de la Sociedad sitúa a Nibaldo Bahamonde Navarro como el socio número 1, incorporado el 10 de febrero de 1960. A continuación aparecen Patricio Sánchez Reyes y José Stuardo Barría, ambos con la misma fecha. Se trata del registro en una época en que investigadores provenientes de distintas instituciones –Universidad de Chile, Pontificia Universidad Católica de Chile y Universidad de Concepción– comenzaron a organizarse para dar forma a una comunidad científica dedicada al estudio del mar y en la construcción de un espacio que precedió a la actual Sociedad Chilena de Ciencias del Mar.
Décadas más tarde, en 1983, el entonces Comité de Ciencias del Mar lo reconocería entre sus socios homenajeados por su aporte a las ciencias del mar. Su vínculo con la comunidad científica marina no fue, por tanto, solamente el de un investigador que pertenecía a una organización. Fue también el de alguien que ayudó a construir el espacio colectivo donde esa comunidad podría encontrarse, intercambiar conocimientos y reconocerse como tal.
Entre 1950 y 1982 estuvo a cargo de la Sección de Hidrobiología del Museo Nacional de Historia Natural y, desde 1960, se desempeñó como profesor de la carrera de Biología Marina de la Universidad de Chile. Su carrera académica estuvo marcada por una permanente disposición a enseñar y colaborar con estudiantes, académicos e instituciones vinculadas a las Ciencias del Mar. Este compromiso con la formación y el desarrollo de la disciplina se extendió a distintas universidades del país, materializando su aporte en investigaciones, trabajos, proyectos e informes que dieron data a una extensa producción científica, cercana a las 200 publicaciones y varios libros, contribuyendo a consolidar las Ciencias del Mar en Chile. Por su trayectoria y aportes, en 2004 la Universidad de Chile le confiere el título de Profesor Emérito.
Con sus "ahijados académicos" salían a terreno, observaban organismos en su ambiente y aprendían que estudiar el mar también significaba caminar por la costa, mirar con atención, formular preguntas y aprender directamente de la naturaleza. De esas experiencias han surgido generaciones de investigadores e investigadoras que posteriormente ocuparían sus propios lugares dentro de las ciencias naturales y del mar chilenas. Por eso, cuando sus estudiantes hablan de él, se le refieren como maestro y no únicamente profesor.
Mientras su nombre destaca en la ciencia chilena, él parece otorgar poca importancia a esos reconocimientos. En el homenaje publicado con motivo de su centenario, al preguntarle por las distinciones recibidas, respondió que eran cosas que simplemente habían sucedido y que él nunca las había buscado. Para él, investigar tiene que ver con aprender, descubrir y entretenerse. El investigador Alberto Carvacho Bravo, quien fue su colega y amigo, lo describió como “un chilote” marcado por una enorme modestia. Esa característica aparece repetidamente en los testimonios reunidos sobre su vida.
La Sociedad Chilena de Ciencias del Mar entrega la Beca Nibaldo Bahamonde Navarro, destinada a apoyar la participación de estudiantes de pregrado en el Congreso de Ciencias del Mar, en nombre de quien ayudó a construir una comunidad científica marina. A más de seis décadas de aquel 10 de febrero de 1960, cuando aparece registrado como el primer socio de la organización que antecedió a la actual Sociedad Chilena de Ciencias del Mar, su nombre sigue ligado a la misma idea: hacer comunidad alrededor del conocimiento del mar.
Referencias
https://rchn.biologiachile.cl/pdfs/1984/1/Bahamonde_1984.pdf
https://www.researchgate.net/publication/390832017_Profesor_Nibaldo_Bahamonde_Navarro_Homenaje_en_su_centenario
https://uchile.cl/dam/jcr:e5c9368f-3c85-4107-b793-177c73fb7684/curriculumvitae-nibaldobahamondenavarro.pdf
https://www.mnhn.gob.cl/noticias/veinte-anos-del-premio-nacional-de-ciencias-nibaldo-bahamonde
https://publicaciones.mnhn.gob.cl/668/articles-66768_archivo_01.pdf
http://www.bibliotecanacionaldigital.gob.cl/bnd/628/w3-article-169219.html
